Era un VigoA tan grande como un trasatlántico de los enormes.

Gracias a tipos como Alberto Durán - un vigués histórico, de pura cepa -, tipos surgidos de sagas que crearon la industria que trajo la riqueza, que levantaron Vigo ellos y su familias, Vigo es Vigo. Se podría decir incluso que inventaron el Vigo que vivimos.

Gracias a tipos como Alberto Durán es Vigo una ciudad de trabajo y de oportunidades de todo tipo, a la que bajan desde los montes de los alrededores y de toda Galicia jóvenes lobeznos ávidos, ansiosos y apresurados para buscarse aquí la vida mediante un rápido futuro profesional.

Algunos de estos VigoN no sienten, sin embargo, agradecimiento ni respeto por el prototipo de vigués A (antiguo, según ellos) que representaba como nadie Alberto Durán. Gente quizás malnacida, por desagradecida. Demasiado nueva también, que por su inexperiencia pretende comer impetuosamente, a mordiscos, con las previsibles consecuencias. Así, recientemente, alguno se ha atragantado de gravedad.

Alberto Durán, al que tanto le gustaba pisar los muelles y contemplar el atraque de los barcos que consignaba, al que tanto le deberán siempre el puerto y la ciudad, se murió sin poder ver lo que desde hace mucho tiempo llevaba reclamando como necesidad apremiante: la ampliación del muelle de cruceros.

Tendría que haber vivido unos cuantos años más.

Adiós, Alberto Durán. Y gracias por esa estela de  iniciativas empresariales que dejas atrás para beneficio de todos. Como un verdadero VigoA.


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