No hace tanto tiempo, sólo unas tres o cuatro décadas. El Canido de entonces, germen del actual, era como una estación de veraneo que contaba con una considerable colonia de gente con nombre procedentes de Madrid. Y los mejores apellidos de Vigo, claro.

Un veraneo de verdad, largo, de Junio o Julio hasta avanzado Septiembre. Y familiar. Aquello era como un gran círculo que de alguna competía con Playa América, de similares características. Se era de Canido o de Playa América, incluso se organizaban partidos de fútbol.

Prácticamente todas las casas de entonces permanecen, aunque unas cuantas han cambiado de dueño. Pero es que ahora hay muchas más, incluso un número considerable de adosados en los márgenes de la arteria principal. En el Canido de antes veraneaban los ricos de antaño; en el de ahora los actuales ricos más aquellos que quieren aparentar serlo e incluso no pocos que algún día querrían serlo. Queda muy bien eso de decir que uno vive en Canido. 

EL ESTABLECIMIENTO DE "COCHÓN"

Aquel Canido era tan poco evolucionado tecnologicamente que las comunicaciones telefónicas se establecían a través de centralita operada por unas damas que se lo pasaban bárbaro en verano escuchando jugosas conversaciones. No hace tanto tiempo, hay que repetir.

Una centralita con cabina que se encontraba frente al muelle, donde hoy se ubica un local donde venden periódicos, revistas, tabaco y artículos varios. Muy cerca del actual restaurante Rey Pescador, en el edificio - remotamente una fábrica de salazón - que sigue perteneciendo a los Riera de Canido de toda la vida. 

En ese restaurante Rey Pescador se localizaba la sede de "Cochón", bar, restaurante, también casa de escogidos huéspedes en temporada. En realidad, a falta de Marítimo, de Club de Campo, Cochón, ya sin comillas, era el casino de aquella sociedad pequeña y elitista. Un establecimiento en el que siempre se podía encontrar a los mismos y en el que imperaba el mismísimo Cochón con su gran barriga, prolongados tirantes y un puro permanente en la boca, casi siempre con boquilla.

A Cochón el apelativo le venía de la ocurrencia de un cliente francés, quizás un poco por su aspecto; o quizás porque los puros que fumaba eran en realidad generosas colillas que habían abandonado los parroquianos (de ahí la boquilla). O puede que por cualquier otra razón observada por el francés.

El caso que allí se comía muy bien cuando la señora de Cochón estaba por la labor. Después el mismo Cochón pasaba la cuenta, todavía más abundante que las raciones. Y como por entonces no existía IVA, el hombre se inventó otras siglas: PSC. Con una cifra al lado que colocaba bajo el listado de consumiciones y añadía a la minuta, engordando el resultado. Esto, naturalmente, para los clientes nuevos, los que llegaban por primera vez atraídos por comentarios que habían oído acerca de la merluza.

Algunos, descuidadamente, pagaban el PSC. Pero otros preguntaban qué era aquello... Y entonces Cochón, muy divertido, con carcajadas, colilla de puro en la boca, como si fuera un chiste les lanzaba: "Por si cuela, hombre. Por si cuela".

La mayoría se cabreaba y no volvía. Que era precisamente lo que deseaba Cochón, que no le entrara gente extraña en el local.

Aquel Cochón era un gran tipo entrañable. Que a veces, cuando se los regalaban, también fumaba, enormes y magníficos vegueros de Vuelta Abajo. Los mejores. Y nadie sabía alargarlos tanto ni paladearlos como él. 

(Cochón también ejercía de hucha: su hijo Ricucho, que ya contaba con una buena edad, atendía la barra, cobraba en monedas y daba cambios en monedas. Pero cuando alguien pagaba con un billete, entonces debía acudir a su padre, que era quien llevaba personalmente las transacciones en papel. Mejor dicho, quien ingresaba el papel)


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